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―La única manera de encontrarse a uno mismo es viajar ―dijo.― Irse lejos, conocer distintas culturas y alejarse de casa, vivir aventuras sin tener nada a lo que aferrarse, sin cinturón de seguridad o chaleco salvavidas que te saque del Titanic. Todos tenemos que hundirnos para encontrarnos a nosotros mismos. Al menos, desde mi punto de vista, esa es la mejor opción.    

8 de diciembre. 19:00 Vino con Paula

            ―La única manera de encontrarse a uno mismo es viajar ―dijo.― Irse lejos, conocer distintas culturas y alejarse de casa, vivir aventuras sin tener nada a lo que aferrarse, sin cinturón de seguridad o chaleco salvavidas que te saque del Titanic. Todos tenemos que hundirnos para encontrarnos a nosotros mismos. Al menos, desde mi punto de vista, esa es la mejor opción.

            ―No ―dijo ella.― La única manera de encontrarte a ti misma es madurar, y eso lo puedes hacer aquí o en Suiza, no es cuestión del lugar sino de lo dispuesta que estés a aceptar los riesgos. ¿Sabes lo que creo? Creo que eres una cobarde, que tienes miedo a arriesgarte aquí porque tienes más cosas a las que enfrentarte, porque la gente te conoce y, si pierdes, aquí esa pérdida puede costarte más que en la otra punta del mundo. Pero aún así, esas pérdidas son necesarias. Además, la gente es como el tiempo, viene y se va con las manecillas del reloj. Y lo mejor es que siempre vuelven a dar las doce, y ahí es cuando te das cuenta de que los que valen la pena siempre están a tu lado al acabar el día.

            ―No creo que sea eso ―musitó mientras miraba por la ventana.― Estoy segura de que hay algo que se nos escapa. Y eso es lo que espero encontrar, la respuesta a ese espacio que nos separa.

            ―Algunos lo llaman aire.

            ―Otros afirman que es el vacío. Que un centímetro de espacio marca la diferencia y que da igual lo mucho que avancemos, un vacío es un vacío. Por mucho que caigas... el final nunca llega. ¿Te imaginas lo que puede suponer el conjunto de pequeños espacios que hay entre las dos? Nunca conseguiremos entendernos del todo porque en cada vacío las cosas cambian. El ser humano está en continua evolución, segundo a segundo, formando así sus pequeños espacios inalcanzables. Vacíos de memoria cuyo dueño ignora su existencia o ubicación. Fragmentos de nada que forman un todo, que nos forman a nosotros, pero que combinados de distinta manera darían lugar a otra persona completamente distinta.

            ―Mmmm… Puede. Puede que estés en lo cierto; sin embargo, me niego a pensar que el vacío entre tú y yo no puede reducirse, me niego a creer que el ser humano no puede mostrar empatía o comprensión, me opongo a la idea de que el roce de alguien no pueda reducir ese espacio entre dos personas.

            ―Quizás la diferencia radica en que para ti el espacio es malo y para mí la belleza del mundo se encuentra justamente en la división de las almas.

            ―Entonces solo nos une una cosa.

            ―¿Y qué es?

            ―La esperanza de conseguir encontrarnos a nosotros mismos entre tantos vacíos, abismos, miradas y roces. Con tantas distracciones muchas veces perdemos de vista nuestro objetivo y corremos el riesgo de caer al abismo y no encontrar la rama adecuada que nos ayude a escalar hacia la superficie.

          ―¿Otro vino?

Ella siguió mirando por la ventana.

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos