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Miró al frente,

eso le habían dicho siempre los de atrás,

«mirada al frente,

un paso en falso,

y nos quitarán un blanco.»

 

Observó la barrera y supo que no habría mañana,

miró para atrás de reojo,

tenía miedo,

¿tendrían miedo ellos?

Supuso que sí, aunque les creía cobardes.

Tampoco le pareció justo que,

por su tamaño,

le obligaran a ponerse al frente.

 

Miró al otro lado,

euforia y miedo se mezclaban creando distintas sensaciones.

Blanco y negro en el suelo,

extremos,

solo uno ganaría.

Rojo y gris en el cielo,

los dioses ya predecían el futuro.

 

¿Por qué luchar?

¿Acaso alguno de ellos ganaría de verdad?

¿Las creencias no están en el aire?

Se mezclan entre la gente

y se alimentan de los desprevenidos y despistados.

Y ahí estaban,

una vez más en el campo de batalla.

Mirada al frente,

intenta esconder el sufrimiento

¿Pensarían lo mismo al otro lado del tablero?

Escuchó la voz que le obligaba a moverse

«Peón a 3C».

Y otra vez, empezó el juego.

Lo que queremos averiguar, en ocasiones, ya lo sabemos, pero nos perdemos dando palos como ciegos